La culpa recorta una escena y la separa de la historia: hace que un gesto de impaciencia pese más que cientos de abrazos, que diez minutos de demora borren años de desvelos. Los niños no miran así. Ellos crecen dentro de una continuidad, y esa continuidad tiene una manera extraña de quedar inscrita en las cosas: en los manteles que han recibido café, lágrimas, velas de cumpleaños y agua derramada, esos objetos son casi un archivo familiar.
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Sin pausa
La prisa no solo transforma la economía o el trabajo; también modifica la manera en que escuchamos, esperamos y acompañamos a quienes amamos. ¿Qué sucede cuando el tiempo de un niño, de un duelo o de una conversación ya no cabe en el ritmo que habitamos?
¿Quién dijo que tenías que saber cómo ser mamá?
La exigencia da una sensación de control, pero muchas veces nos desconecta de aquello que más se necesita para acompañar: la posibilidad de percibir, esperar y encontrarse con el hijo real. La intuición no aparece al saberlo todo, sino cuando el ruido baja lo suficiente para volver a mirar.
Cuando un niño pierde a alguien
Cuando un niño pierde a alguien vive un proceso de duelo que vuelve en juegos, silencios, preguntas inesperadas. Lo que necesita es sentir que puede recordar, preguntar y entristecerse sin quedarse solo con eso.
Cuando un niño pregunta por la muerte
Los niños preguntan por la muerte cuando menos lo esperamos: antes de dormir, en el coche… Preguntab una y otra vez. No siempre buscando información. Muchas veces intentan acercarse, poco a poco, a algo que todavía no logran pensar.
Mi hijo es tímido
La timidez se transforma cuando el niño encuentra condiciones donde puede acercarse a su ritmo, sin tener que ser distinto de golpe.
Mudarse a otra ciudad
Cambiar de ciudad, para un niño, es perder un mundo que organizaba su día y su forma de estar. A veces lo que no se nombra aparece en el sueño, en el humor, en la inquietud. Acompañar una mudanza no es apresurar la adaptación, sino hacer lugar al duelo, sostener lo que se rompe y ayudar a que algo de lo anterior pueda seguir viviendo en la nueva vida.
¿Por qué mienten los niños? Una lectura más allá del castigo
La mentira en la infancia suele alarmar a los adultos. Parece una señal de desobediencia o una falla moral. Pero no siempre es así. Muchas veces, mentir es una manera de protegerse, de evitar la vergüenza o de no sentir que el amor está en peligro. También puede ser una señal de crecimiento: el niño empieza a notar que su mente no es igual a la de su madre y que puede guardar algo para sí. Comprender esto cambia la forma de acompañarlo.
Mi niña es penosa
La vergüenza no es sólo timidez. Es el momento en que el niño descubre que puede ser visto, evaluado, y que su lugar en el amor parece estar en juego. Cómo acompañar sin que se vuelva una herida.
Cómo hablar del 8M con niñas y niños desde una ética del cuidado
Cuando una niña pregunta por qué marchan las mujeres, la cuestión no es qué responder. También es qué queremos transmitir. El 8 de marzo puede ser una oportunidad para enseñar algo fundamental: reconocer al otro y cuidar la vida en común.