La mentira en la infancia suele alarmar a los adultos. Parece una señal de desobediencia o una falla moral. Pero no siempre es así. Muchas veces, mentir es una manera de protegerse, de evitar la vergüenza o de no sentir que el amor está en peligro. También puede ser una señal de crecimiento: el niño empieza a notar que su mente no es igual a la de su madre y que puede guardar algo para sí. Comprender esto cambia la forma de acompañarlo.