Sostener a un niño no es solo cuidarlo ni “hacer que esté bien”. Es permitir que su mundo interno pueda recibir la realidad sin que se vuelva un golpe. Este texto plantea qué implica verdaderamente ofrecer una presencia que hace posible que la experiencia del niño pueda organizarse sin romperse.
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El comienzo no tiene horarios
El bebé no sabe de horas ni de rutinas. Su experiencia es otra: hambre, satisfacción, malestar, alivio. Quien cuida entra en esa lógica y aprende, entre despertares y pausas, una sensibilidad que no existía antes.
¿Quién dijo que tenías que saber cómo ser mamá?
La exigencia da una sensación de control, pero muchas veces nos desconecta de aquello que más se necesita para acompañar: la posibilidad de percibir, esperar y encontrarse con el hijo real. La intuición no aparece al saberlo todo, sino cuando el ruido baja lo suficiente para volver a mirar.
Cuando un niño pierde a alguien
Cuando un niño pierde a alguien vive un proceso de duelo que vuelve en juegos, silencios, preguntas inesperadas. Lo que necesita es sentir que puede recordar, preguntar y entristecerse sin quedarse solo con eso.
Cuando un niño pregunta por la muerte
Los niños preguntan por la muerte cuando menos lo esperamos: antes de dormir, en el coche… Preguntab una y otra vez. No siempre buscando información. Muchas veces intentan acercarse, poco a poco, a algo que todavía no logran pensar.
Mi hijo es tímido
La timidez se transforma cuando el niño encuentra condiciones donde puede acercarse a su ritmo, sin tener que ser distinto de golpe.
Mudarse a otra ciudad
Cambiar de ciudad, para un niño, es perder un mundo que organizaba su día y su forma de estar. A veces lo que no se nombra aparece en el sueño, en el humor, en la inquietud. Acompañar una mudanza no es apresurar la adaptación, sino hacer lugar al duelo, sostener lo que se rompe y ayudar a que algo de lo anterior pueda seguir viviendo en la nueva vida.
¿Por qué mienten los niños? Una lectura más allá del castigo
La mentira en la infancia suele alarmar a los adultos. Parece una señal de desobediencia o una falla moral. Pero no siempre es así. Muchas veces, mentir es una manera de protegerse, de evitar la vergüenza o de no sentir que el amor está en peligro. También puede ser una señal de crecimiento: el niño empieza a notar que su mente no es igual a la de su madre y que puede guardar algo para sí. Comprender esto cambia la forma de acompañarlo.
El tedio en los primeros cuidados
Al inicio con un bebé, el tiempo cambia de forma. Los días se vuelven repetitivos, sin cortes claros, y junto a la ternura puede aparecer algo difícil de nombrar: el tedio. No es desamor ni desconexión, sino el efecto de una temporalidad distinta que insiste y vuelve. En esa repetición -alimentar, dormir, sostener- algo se va armando silenciosamente.
Los cuidados del bebé
Cuando nace un bebé, no sólo cambia el cuerpo y el tiempo: cambia el lugar del saber. Aparecen voces múltiples, indicaciones contradictorias y un ideal inalcanzable que deja a la madre en falta permanente. Este texto explora un efecto clínico cada vez más frecuente: madres informadas pero inseguras, desconectadas de su propia lectura del bebé. No se trata de rechazar el conocimiento, sino de ubicar su límite y recuperar un margen donde la experiencia pueda producir un saber singular.
Mi niña es penosa
La vergüenza no es sólo timidez. Es el momento en que el niño descubre que puede ser visto, evaluado, y que su lugar en el amor parece estar en juego. Cómo acompañar sin que se vuelva una herida.
