Sostener a un niño no es solo cuidarlo ni “hacer que esté bien”. Es permitir que su mundo interno pueda recibir la realidad sin que se vuelva un golpe. Este texto plantea qué implica verdaderamente ofrecer una presencia que hace posible que la experiencia del niño pueda organizarse sin romperse.
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El agua sobre el mantel
La culpa recorta una escena y la separa de la historia: hace que un gesto de impaciencia pese más que cientos de abrazos, que diez minutos de demora borren años de desvelos. Los niños no miran así. Ellos crecen dentro de una continuidad, y esa continuidad tiene una manera extraña de quedar inscrita en las cosas: en los manteles que han recibido café, lágrimas, velas de cumpleaños y agua derramada, esos objetos son casi un archivo familiar.
Sin pausa
La prisa no solo transforma la economía o el trabajo; también modifica la manera en que escuchamos, esperamos y acompañamos a quienes amamos. ¿Qué sucede cuando el tiempo de un niño, de un duelo o de una conversación ya no cabe en el ritmo que habitamos?
Las náuseas en el embarazo
Descubrir que estás embarazada y sentirte mal al mismo tiempo es algo desconcertante. A veces las náuseas acompañan ese tiempo en que una noticia importante todavía está encontrando su lugar en la experiencia.
Lo que se juega cuando un bebé se alimenta
Hay escenas que parecen simples: un bebé que tiene hambre, una madre que lo alimenta. A veces algo que parecía natural se vuelve difícil. Lo que está en juego en ese momento es mucho más que la leche, es el encuentro con el otro, con el mundo y la vida.
El comienzo no tiene horarios
El bebé no sabe de horas ni de rutinas. Su experiencia es otra: hambre, satisfacción, malestar, alivio. Quien cuida entra en esa lógica y aprende, entre despertares y pausas, una sensibilidad que no existía antes.
¿Quién dijo que tenías que saber cómo ser mamá?
La exigencia da una sensación de control, pero muchas veces nos desconecta de aquello que más se necesita para acompañar: la posibilidad de percibir, esperar y encontrarse con el hijo real. La intuición no aparece al saberlo todo, sino cuando el ruido baja lo suficiente para volver a mirar.
Cuando un niño pierde a alguien
Cuando un niño pierde a alguien vive un proceso de duelo que vuelve en juegos, silencios, preguntas inesperadas. Lo que necesita es sentir que puede recordar, preguntar y entristecerse sin quedarse solo con eso.
Cuando un niño pregunta por la muerte
Los niños preguntan por la muerte cuando menos lo esperamos: antes de dormir, en el coche… Preguntab una y otra vez. No siempre buscando información. Muchas veces intentan acercarse, poco a poco, a algo que todavía no logran pensar.
Mi hijo es tímido
La timidez se transforma cuando el niño encuentra condiciones donde puede acercarse a su ritmo, sin tener que ser distinto de golpe.
Mudarse a otra ciudad
Cambiar de ciudad, para un niño, es perder un mundo que organizaba su día y su forma de estar. A veces lo que no se nombra aparece en el sueño, en el humor, en la inquietud. Acompañar una mudanza no es apresurar la adaptación, sino hacer lugar al duelo, sostener lo que se rompe y ayudar a que algo de lo anterior pueda seguir viviendo en la nueva vida.