Las náuseas en el embarazo

El cuerpo también necesita tiempo para recibir lo que llega.

Foto: Édouard Boubat

Una mujer descubre que está embarazada. Durante semanas había imaginado ese momento. Tal vez lo buscó durante mucho tiempo. Tal vez llegó antes de lo esperado. Cuando por fin aparece la noticia, alrededor suyo comienzan las felicitaciones, las preguntas y los planes.

Y, mientras todo eso ocurre, ella atraviesa el día con el estómago revuelto. Las náuseas, el cansancio y los olores que de pronto se vuelven insoportables la acompañan a todas partes.

El café que tomaba todas las mañanas ahora le provoca rechazo. El olor de la comida le es insoportable. Aparece, casi en voz baja, una pregunta:

Si esto es una buena noticia, ¿por qué me siento así?

El embarazo suele estar rodeado de imágenes luminosas, de la espera, la ilusión y el encuentro que vendrá. Hay menos espacio para hablar de la experiencia corporal cuando se vuelve incómoda o difícil de comprender. Cuando la experiencia real está hecha de náuseas, agotamiento y extrañeza, puede surgir la sensación de que algo no encaja con aquello que se esperaba sentir.

El cuerpo, sin embargo, tiene su propio tiempo para recibir lo que llega. Recibir una nueva vida implica transformaciones profundas. Mientras una parte de la mujer intenta acostumbrarse a la noticia, el cuerpo ya está trabajando. Algo cambia, se reorganiza y busca una nueva forma de habitarse.

Las náuseas suelen aparecer en un momento particular. El embarazo apenas comienza, el bebé todavía no se mueve y muchas veces ni siquiera se ha compartido la noticia con los demás. Hay algo de esa experiencia que aún no termina de hacerse real y, sin embargo, ya está ocurriendo.

El cuerpo no recibe solamente lo que está pasando ahora. También guarda huellas de otras experiencias, de los cuidados que recibió, de los vínculos que la acompañaron mientras crecía, de momentos que dejaron una marca aun cuando ya no formen parte de la memoria cotidiana. Cuando el embarazo mueve algo, a veces mueve también eso. Por eso pueden aparecer emociones inesperadas, preguntas nuevas o una sensibilidad distinta frente a situaciones que antes parecían conocidas.

El cuerpo ya sabe algo que la experiencia todavía está intentando alcanzar. Tal vez por eso la pregunta no sea por qué una mujer se siente mal cuando está embarazada, sino cuánto tiempo necesita una experiencia tan profunda para volverse propia.


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