Cuidar a un bebé no repara la infancia que un adulto tuvo o no tuvo. Pero puede abrir un espacio donde algo distinto se vuelve posible: ofrecer presencia, no desde la repetición de la propia historia, sino desde la invención de un gesto nuevo.
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El momento de separarse
Separarse no es solo irse de un lugar: es tolerar una falta en la presencia del otro. Cuando un niño resiste la separación, está expresando algo de su mundo interno que aún no puede llevarse adentro. Este texto explora por qué la separación puede resultar difícil y qué permite que se vuelva posible.
Antes no es mejor
En la infancia, antes no es mejor. Cada proceso necesita un tiempo para que el niño pueda apropiárselo psíquicamente. Este texto explora por qué adelantar una capacidad no siempre favorece el desarrollo, y cómo el crecimiento requiere un ritmo propio.
Cuando dormir da miedo
Para algunos niños, dormir no es solo descansar, sino separarse de lo que les da seguridad. Este texto explora por qué el momento de dormir puede despertar miedo y cómo ese temor forma parte del proceso mediante el cual el niño construye la capacidad de estar a solas.
El cuerpo como extranjero
En la adolescencia, el cuerpo cambia antes de que el adolescente pueda reconocerlo como propio. Este texto explora por qué el cuerpo puede sentirse extraño, ajeno o incómodo, y cómo ese proceso forma parte del trabajo de volver a habitarse a sí mismo.
La voz materna
La voz materna no es solo sonido: es un marco relacional que acompaña la constitución del mundo interior del bebé. Este texto explora cómo la voz, más allá de lo verbal, sostiene, contiene y hace posible que la experiencia del niño pueda organizarse sin romperse.
Ser suficiente
Sostener no es aplicar una técnica ni dar respuestas “correctas”. Es ofrecer una presencia que permita que la experiencia del niño pueda organizarse sin romperse. Este texto explora cómo el arte de sostener reside en la forma de estar, más que en cada acto aislado.
Los llantos
Cuando un niño llora y nadie sabe qué hacer, no es solo un problema de conducta: es la expresión de algo que todavía no puede decirse con palabras. Este texto explora cómo el llanto puede ser un modo de comunicar lo que el niño siente y necesita, y cómo acompañarlo con presencia puede hacer que esa experiencia se vuelva habitable.