Cuando dormir da miedo

Dormir implica una separación que el niño necesita poder atravesar sin sentirse perdido.

Dormir suele pensarse como descanso.
Como un regreso al cuerpo,
al ritmo que envuelve,
a algo que calma.

Pero para algunos bebés, dormir no es eso.
Dormir asusta.

No porque algo esté mal,
sino porque soltarse todavía no es seguro.

Dormir implica dejar de vigilar.
Cerrar los ojos.
Permitir que el mundo se apague un poco.
Y para un bebé que recién está construyendo una sensación de continuidad,
ese apagarse puede vivirse como una caída.

Hay bebés que luchan contra el sueño.
No por energía de más,
sino por miedo a perderse.

El momento previo a dormirse —cuando todo se vuelve más silencioso—
puede activar angustias muy primitivas:
la sensación de desaparecer,
de quedar solo,
de no saber si alguien va a estar cuando vuelva a abrir los ojos.

Por eso algunos bebés solo logran dormirse en brazos,
pegados a un cuerpo que respira con ellos.
Otros se despiertan sobresaltados una y otra vez.
Otros entran en sueños breves, fragmentados,
como si dormir de a poco fuera más seguro que entregarse del todo.

No es un “mal hábito”.
No es capricho.
Es miedo.

Para que un bebé pueda dormir,
necesita haber sentido antes que el mundo es previsible.
Que hay un ritmo.
Que hay una presencia que no invade, pero tampoco desaparece.
Que alguien lo sostiene incluso cuando no está despierto.

Dormir no es solo una función biológica.
Es un acto de confianza.

Cuando esa confianza todavía no está,
el cuerpo se mantiene alerta.
El sueño se vuelve peligroso.
La noche, demasiado larga.

Acompañar el insomnio de un bebé no es forzarlo a dormir.
Es ayudar a construir, poco a poco,
una sensación de continuidad.

Un modo de estar.
Un ritmo que se repite.
Una voz que acompasa.
Un cuerpo adulto que transmite:
puedes soltarte, sigo aquí.

Cuando el ambiente logra sostener,
la tensión baja.
El sueño deja de sentirse como un abismo
y empieza a volverse descanso.

Dormir es confiar.
Y ningún bebé puede confiar
si antes no ha sido sostenido.


Descubre más desde Sostener la infancia

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario