Estar lo es todo

Antes de comprender el mundo, el bebé necesita que haya alguien que lo vuelva habitable.

Hay un momento, muy temprano, en que el mundo todavía no existe.

No existe como existe para nosotros.
Como calle, como reloj, como agenda.
Como “tienes que”.
Como ruido de fondo.

Al principio, el bebé no está en el mundo.
El mundo, más bien, le llega.

Y lo que llega, llega con una intensidad total.
Sin filtro.
Sin distancia.
Sin lenguaje.

Por eso, sostener no es enseñar.
Sostener es algo más simple y más difícil:
hacer que la realidad no sea un golpe.

no se trata de que el niño “evolucione naturalmente” hacia la realidad,
sino de que, al comienzo,
haya alguien capaz de presentarle el mundo en pequeñas dosis.

Significa que el mundo no se impone de una vez,
como una puerta que se abre de golpe
y deja entrar todo:
la luz,
el ruido,
la exigencia,
la separación,
el afuera.

El bebé necesita que la realidad sea administrable.
Que tenga bordes.
Que tenga ritmo.
Que pueda ser recibida.

Y para eso no necesita una madre perfecta.
Ni una madre experta.
Ni una madre que lo haga “bien” según un manual.

Necesita, sobre todo,
una presencia que no esté partida por la duda,
por la vigilancia,
por la idea de que hay que hacerlo todo “correcto”.

Porque hay una confianza que se transmite sin palabras:
la confianza de que la vida puede vivirse.


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