El destete

El destete no es quitar algo, sino hacer posible que el niño pueda conservarlo dentro de sí.

El destete es un proceso psíquico.
No es simplemente “quitar”.
Es hacer posible una pérdida.

Una pérdida pequeña, soportable, metabolizable.
Una pérdida que no se vive como caída al vacío.

Para que el destete sea posible,
primero tuvo que haber una experiencia de presencia.
Algo que fue recibido,
vivido como bueno.
Algo que dejó huella.

No se suelta lo que nunca llegó a sentirse propio.

Por eso, cuando el destete se vuelve tormenta,
muchas veces no habla de “mal hábito”.
habla de un sostén que fue difícil.

Como si el cuerpo del niño dijera:
“No puedo perder esto todavía, porque todavía no lo tengo adentro.”

El destete, entonces, se parece menos a una prohibición
y más a una transición.

Una transición que inaugura algo:
que el niño pueda tolerar una pérdida,
sin sentir que él mismo se pierde.

Si hay conexión,
la dependencia va disminuyendo,
porque empieza a llevarse algo consigo.

Empieza a construir adentro
lo que antes necesitaba afuera.

Y ese es el verdadero triunfo del destete:
no la separación,
sino la interiorización.

No la pérdida,
sino la posibilidad de que el niño sienta:

“Puedo estar sin eso… porque algo de eso ya vive en mí.”


Descubre más desde Sostener la infancia

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario